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Domingo Castellanos, el primer conservador de Doñana: nuevos apuntes biográficos

Autores: Domingo Muñoz Bort y Javier Coronel Cáceres

Domingo Castellanos nació en la villa de Almonte en torno al año 1775, hijo del matrimonio formado por José Castellanos y Juana Betanzos.

Fue un importante arrendatario de tierras pertenecientes a la Iglesia y a la gran y pequeña nobleza local, formando parte de la nueva clase social emergente durante el tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen.

Nació en la antigua calle de La Laguna, actualmente denominada Martín Villa, donde disponía de su propio molino y de una bodega de vinos. También poseía otra vivienda en la calle Concepción, con un gran corral que comunicaba con otra bodega situada en la calle Santiago.

Domingo Castellanos fue uno de los «intelectuales» liberales del pueblo. Ejerció como capitán de la Milicia Voluntaria Constitucionalista de Almonte y como distribuidor de ramos de aguardiente durante la Romería del Rocío.

En 1809 reclamó al Consejo de Castilla una rebaja en la liquidación económica correspondiente al monopolio de la distribución de ramos de aguardiente y otros licores durante la fiesta de Pentecostés.

En 1817 solicitó al Ayuntamiento de Almonte autorización para construir una choza de material y tejas, colindante con la choza de Manuel Acevedo y situada junto al postigo falso de la sacristía del Santuario.

Domingo Castellanos destacaba por ser una persona instruida y con notorios talentos. Una de las etapas menos conocidas de su vida corresponde a sus estudios y servicios a la Corona, durante la cual pudo haber realizado comisiones secretas para el propio rey Fernando VII.

En 1806, su padre revocó el poder general que le había otorgado para administrar sus bienes, ya que Domingo se encontraba en la ciudad de Cádiz prestando servicio a Su Majestad el Rey.

Su relación con el Coto de Doñana

Donde más brilló su potencial intelectual fue en su prolongada relación con el Coto de Doñana.

En abril de 1822 fue nombrado por el XVII duque de Medina Sidonia administrador de sus posesiones en Almonte, Bollullos, Sanlúcar de Barrameda y el Coto de Doña Ana.

Gracias a su formación como ilustrado e intelectual y a su vinculación con la Sociedad Económica de Cádiz, Castellanos emprendió, sin apenas recursos, la recuperación del Coto de Doñana.

Diseñó un plan de siembras continuadas de arbolado, principalmente de piñones y bellotas. En cuanto a la fauna, introdujo monos procedentes de Gibraltar y camellos de Canarias como animales de carga y tiro.

También impulsó la recuperación del jabalí mediante el cruce de cerdas domésticas con jabatos salvajes en una gran cerca situada en Marismillas.

Tras el destierro del duque de Medina Sidonia y el secuestro de sus bienes en 1837, la Administración de Bienes Nacionales sacó a subasta pública el arrendamiento del Coto para su explotación.

Castellanos acudió a la subasta y, como único postor, se convirtió en arrendatario por tiempo ilimitado, llegando a ser el primer y único almonteño al frente de la grandiosa Doñana.

En esta nueva etapa se propuso obtener el máximo rendimiento económico de un Coto muy deteriorado. Para ello combatió el contrabando e introdujo nuevas especies vegetales y animales.

Numerosos viajeros románticos dejaron constancia en sus publicaciones de la existencia de estos animales exóticos y del buen hacer de Domingo Castellanos en Doñana, labor que desarrolló junto a su sobrino Rafael de la Barrera.

Por Real Orden de 13 de noviembre de 1847, el Coto de Doñana fue reintegrado a sus antiguos propietarios.

Domingo Castellanos no llegó a casarse ni tuvo descendencia. Falleció, ya anciano, en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda en 1851.

En la actualidad, una calle de Almonte lleva su nombre.

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